Llegaste al final del curso. Viste un montón de piezas sueltas: deuda buena y mala, tasas, historial, apalancamiento, las 3 preguntas antes de pedir un crédito. Ahora las juntamos todas en una sola cosa: un plan de deuda que entra en una hoja. La idea es que cualquier día puedas mirar esa hoja y saber exactamente dónde estás parado y qué sigue.
El plan tiene cuatro pasos, y van en orden.
Paso 1 — La radiografía. Antes de decidir nada, tenés que ver tu deuda completa. Hacé una lista con TODAS tus deudas, una por línea, con cuatro datos cada una: cuánto debés, qué tasa te cobra (o si la inflación la licúa), cuánto pagás por mes y cuándo terminás de pagarla. El enemigo número uno de la deuda no es la tasa: es no saber cuánto debés en total. La radiografía rompe esa niebla.
Paso 2 — Clasificá. Con la lista delante, etiquetá cada deuda con dos preguntas. Primera: ¿es productiva (genera más de lo que cuesta, como un crédito para tu laburo) o de consumo (financia algo que se esfuma)? Segunda: ¿es cara o barata? Una deuda cara te cuesta mucho más de lo que rendiría tener esa plata ahorrada; una barata es la que la inflación va licuando. Esas dos etiquetas te dicen, de un vistazo, qué deuda es un problema y con cuál podés convivir tranquilo.
Paso 3 — Decidí el frente. Acá el plan se bifurca según cómo venís:
- Si tenés deuda que te ahoga (las cuotas se comen tu sueldo, pagás mínimos, una tarjeta tapa a la otra) → el frente es salir. Elegís un método de pago y cortás la fuente que la alimenta.
- Si estás ordenado (las cuotas no te asfixian, sabés lo que debés) → el frente es usar el crédito con criterio. Antes de cada deuda nueva, las 3 preguntas, y que la cuota nueva no se pase del 25% de lo que te queda libre.
Paso 4 — Construí a futuro. Pase lo que pase hoy, el plan mira para adelante: cuidás tu historial pagando en fecha, te endeudás en la moneda en la que cobrás, y tenés tu fondo de emergencia (3 a 6 meses de gastos) para no volver a caer en deuda cara ante el primer imprevisto.