Antes de salir de las deudas hay un paso que casi todo el mundo se saltea: mapearlas todas. No se trata de pagar todavía, ni de elegir cuál atacar primero. Se trata de algo más simple y más incómodo: ponerlas a todas sobre la mesa y mirarlas de frente.
La idea es una sola: lo que no medís, no lo podés manejar. Mientras la deuda vive como una sensación difusa ("debo bastante", "estoy complicado"), no hay plan posible. Recién cuando se vuelve un número concreto se puede hacer algo con ella.
Qué anotar de cada deuda
Por cada deuda que tengas —tarjeta, préstamo personal, fiado, plata que le debés a un familiar, el saldo de un electrodoméstico en cuotas— anotá cinco datos:
- A quién le debés: el banco, la financiera, la app, la persona.
- El saldo total: cuánto falta para terminar de pagarla, no la cuota.
- La tasa o el costo: cuánto te cuesta esa deuda (en la tarjeta y los préstamos suele figurar como CFT, el costo financiero total). Si no la encontrás, anotá al menos que es "cara" o "barata".
- La cuota mínima: lo mínimo que tenés que pagar este mes para no entrar en mora.
- La fecha de vencimiento: qué día de cada mes vence.
Con esos cinco datos por deuda armás tu radiografía: una sola lista donde ves todo junto. Sin esa lista no sabés cuál te conviene atacar primero ni cuánto te está costando en total arrastrarlas.
Enfrentar el número total
Cuando sumás todos los saldos te aparece el número: el total que debés. Da impresión verlo, y por eso mucha gente prefiere no mirarlo. Pero pasa algo curioso: una vez que está escrito, deja de crecer en tu cabeza. El monto difuso que te quitaba el sueño se vuelve una cifra finita, con la que sí se puede trabajar. Mirarlo no es castigarte: es el primer gesto de tomar el control.