Hay una situación muy argentina donde la deuda, en vez de ahogarte, puede jugar a tu favor: cuando tomás una deuda a tasa fija en pesos y hay inflación alta. La clave está en una palabra: la inflación licúa la cuota.
¿Qué quiere decir "licuar" la cuota?
Si tu cuota es un monto fijo —por ejemplo, $100.000 todos los meses— ese número no se mueve. Pero todo lo demás a tu alrededor sube: el supermercado, el alquiler, y con suerte también tu sueldo. Entonces esos $100.000, que al principio eran un montón, con el paso de los meses pesan cada vez menos. En términos reales, la cuota se va achicando sola aunque el número impreso sea siempre el mismo.
Eso es apalancamiento favorable: usaste deuda para acceder a algo hoy, y el costo real de esa deuda se fue achicando con el tiempo gracias a la inflación.
El apalancamiento, en criollo
Apalancarse es usar deuda para acceder a algo cuyo beneficio supera el costo real de esa deuda. No es magia ni un truco para "ganarle al sistema": es entender que una cuota fija, en un país con inflación, no cuesta lo mismo el mes 1 que el mes 12.
Pero acá está la trampa —y hay que repetirla:
Todo esto solo funciona si tu ingreso se ajusta con la inflación. Si tus precios suben pero tu sueldo queda clavado, la cuota fija no se licúa para vos: te sigue pesando igual o más, porque tu plata vale menos pero la cuota sigue ahí. El apalancamiento favorable no es una propiedad de la deuda: es la relación entre la cuota fija y cómo evoluciona tu ingreso.