Hacer un presupuesto suena aburrido, pero es la herramienta que más rápido te cambia la relación con la plata: dejás de llegar al día 20 preguntándote "¿en qué se me fue?" y empezás a decidir vos. Y sí, se puede hacer aun con inflación —de hecho, con inflación es más necesario—. Acá va el paso a paso, sin planillas imposibles.
Paso 1: Mapeá cuánto entra
Anotá todos tus ingresos del mes: sueldo, changas, alquileres que cobres, lo que sea. Si tu ingreso es variable (freelance, comisiones), tomá un promedio conservador de los últimos meses, no el mejor mes. La base del presupuesto es un número realista, no optimista.
Paso 2: Seguí tus gastos (todos, por un mes)
Durante un mes, registrá cada gasto. Podés usar una app, una planilla o el bloc de notas del celular. Separalos en dos grupos:
- Fijos: alquiler, servicios, colegio, transporte, suscripciones.
- Variables: comida, salidas, ropa, delivery, esos "gastos hormiga" que solos no parecen nada y juntos son un montón.
Este paso es incómodo la primera vez porque ves la verdad. Pero sin este número, el presupuesto es adivinanza.
Paso 3: Aplicá la regla 50/30/20 (adaptada a Argentina)
Una guía simple para repartir tu ingreso:
- 50% a necesidades: lo que no podés no pagar (techo, comida, servicios, transporte).
- 30% a gustos: salidas, ocio, lo que te hace bien.
- 20% a tu futuro: ahorro, fondo de emergencia, pagar deudas.
Ojo: en Argentina, con la inflación, muchas veces las necesidades se comen más del 50%. La regla es una brújula, no una ley. Si hoy estás 70/25/5, la meta es ir corriendo la aguja hacia el ahorro, no cumplir el número exacto de una.
Paso 4: Protegé el presupuesto de la inflación
Con precios que suben, un presupuesto fijo queda viejo rápido. Dos movidas clave:
- Revisalo cada mes, no una vez al año. Los montos cambian.
- Pagate primero: apenas cobrás, separá el ahorro antes de gastar, no con lo que sobra (nunca sobra). Y cuidá que ese ahorro no se quede quieto perdiendo contra la inflación.
Paso 5: Cerrá el mes y ajustá
Al final del mes, compará lo que planeaste con lo que pasó. ¿Te pasaste en delivery? ¿El transporte subió? No es para castigarte: es para ajustar el mes que viene. Un presupuesto no se hace una vez, se sostiene. A los dos o tres meses ya sale casi solo.
Lo importante
No necesitás una planilla perfecta ni ser contador. Necesitás saber cuánto entra, en qué se va y cuánto guardás —y revisarlo seguido—. Eso solo ya te pone por delante de la mayoría. Un buen próximo paso, una vez que tenés el presupuesto andando, es armar tu fondo de emergencia para que un imprevisto no te tire todo abajo.